Cuentos para que no te gentrifiquen, de Abraham Delgado
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[escrito para la presentación del libro llevada a cabo el viernes 29 de mayo de 2026 en Casa Norberto]
Cuentos para que no te gentrifiquen, de Abraham Delgado, reúne once cuentos que abordan situaciones muy distintas. Hay personas atrapadas en un tapón interminable, como ocurre tantas veces en Puerto Rico. Hay una pareja que decide desconectarse del mundo para tener una noche juntos y termina accidentalmente encerrada en su apartamento. Hay periodistas (probablemente las peores periodistas del mundo) intentando conseguir una historia digna de un Pulitzer. Hay encuentros, desencuentros, deseos, frustraciones, absurdos y pequeñas tragedias cotidianas.
Y precisamente porque son historias tan distintas, me parece que lo que las une no es una trama común, sino una preocupación común.
El título nos da una pista.
Cuando escuchamos la palabra gentrificación, pensamos en desplazamiento. Pensamos en comunidades que dejan de poder vivir en los lugares donde siempre han vivido. Pensamos en el aumento de rentas, en la mercantilización de la vivienda, en los famosos candaditos de Airbnb que empiezan a aparecer en edificios que antes eran residenciales. Pensamos en conversaciones que hoy forman parte de la realidad puertorriqueña y que vemos todos los días en las redes sociales, en nuestros barrios y en nuestras familias.
Y esa conversación está presente en el libro. Como el propio Abraham señala, este libro forma parte de esa conversación que Puerto Rico tiene que seguir teniendo.
Pero mientras leía, me encontré pensando en otra cosa.
¿Qué significa no gentrificarse uno mismo?
Porque hay formas de desplazamiento que no ocurren solamente en los barrios. También ocurren dentro de las personas.
Vivimos en un momento de mucho ruido, mucha prisa y mucha incertidumbre. Y a veces terminamos convertidos en extraños dentro de nuestra propia vida. Nos alejamos de nuestros deseos, de nuestras comunidades, de quienes somos.
Y entonces el título adquiere otro significado.
No te dejes desplazar de tu barrio, sí, pero tampoco te dejes desplazar de ti.
Creo que ahí es donde la literatura hace algo que ninguna estadística, ningún informe y ninguna discusión pública puede hacer de la misma manera. La literatura toma problemas enormes y los devuelve a escala humana. Nos recuerda que detrás de las discusiones sobre vivienda, economía o política siempre hay personas concretas intentando vivir, amar, pertenecer y encontrar un lugar donde sentirse en casa.
Y para hacer eso, Abraham apuesta por algo que me parece fundamental: el humor.
Este libro es genuinamente gracioso. Yo debo admitir que mientras más absurdo se ponía un cuento, más me reía. Pero el humor aquí no funciona como evasión. Funciona como herramienta.
Hay una larga tradición puertorriqueña de enfrentar las dificultades a través de la brega, del ingenio y también de la risa. El humor nos ayuda a señalar contradicciones, a sobrevivir frustraciones y, a veces, a resistir.
Reírse no siempre significa restarle importancia a algo. A veces significa negarse a ser derrotado por ello.
Y quizás por eso uno de los cuentos que más me acompañó fue el de la pareja encerrada en el apartamento. Porque debajo de la comedia hay algo profundamente humano: dos personas obligadas a quedarse, a enfrentarse, a pelear, a reconciliarse y a descubrir que, en medio del caos del mundo, todavía pueden ser refugio el uno para el otro.
En un libro que habla tanto sobre comunidad y pertenencia, ese cuento me recordó que a veces la comunidad también puede comenzar con dos personas que deciden quedarse.
Así que más que presentarles un libro sobre gentrificación, yo diría que hoy estamos aquí para conversar sobre un libro que utiliza la gentrificación como punto de partida para preguntarse qué significa pertenecer. Pertenecer a un país. Pertenecer a una comunidad. Pertenecer a una relación. Y, quizás lo más difícil de todo, pertenecer a uno mismo.
Con eso, quiero darle la bienvenida a Abraham y comenzar la conversación.



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